Demo

Acuérdate de vivir

Letras del disco

Tu susurro

La vida era un simulacro de lo real

hasta que el viento trajo tu voz a mi habitación.

Inesperada como tormenta en tiempo estival,

como el olor a tierra mojada, llegó tu voz.

                                                           

Entró un susurro por la ventana

que estaba abierta de par en par.

Eran días calurosos,

tú gemías, yo tan solo.

Tu suspiro traspasaba la pared.

Quedé inmóvil, hechizado,

creí haberme enamorado.

No te vi yo, sólo te escuché.

 

Tu susurro atronador inundó mi casa

y me olvidé de todo,

yo sólo te escuchaba.

Me diste la vuelta a la cabeza como a un calcetín.

Petrificado, te imaginé. Tu voz febril

recorrió todos los muebles de la cocina,

hizo temblar la ropa tendida,

y sobre mi frente se fue a posar.

 

Aquel rumor sonaba a viejo abracadabra

y removió las pelusas bajo la cama.

Abrió mis libros, los cajones, mi corazón.

Mientras ella amaba todo se paró.

Y en la calle volaron todas las palomas,

se desvanecieron las sombras,

se detuvo toda la ciudad.

 

Así pasaron lentos los días de aquel verano.

Pasaba el tiempo esperando volver a oír tu voz.

No salía de casa por si llegaba tu canto.

Y entre gemidos cristalizó nuestra relación.

Imaginaba como serías

mientras yo te escuchaba temblar.

Sólo sé que yo te amaba,

que tus jadeos me hablaban.

Te convertiste en mi obsesión.

No importaba aquel que hiciera

estremecer tus caderas,

yo sabía que yo era tu amor.

 

Tu susurro atronador inundó mi casa,

y me olvidé de todo,

yo sólo te escuchaba.

Me diste la vuelta a la cabeza como a un calcetín.

Petrificado, te imaginé. Tu voz febril

recorrió todos los muebles de la cocina,

hizo temblar la ropa tendida,

y sobre mi frente se fue a posar.

 

Aquel rumor sonaba a viejo abracadabra

y removió las pelusas bajo la cama.

Abrió mis libros, los cajones, mi corazón.

Mientras ella amaba todo se paró.

Y en la calle volaron todas las palomas,

se desvanecieron las sombras,

se detuvo toda la ciudad.

 

Y de repente sin previo aviso no vino más

a visitarme de cuando en cuando aquella voz.

Perdido y solo ahora que haré yo sin mi solaz

en esta celda sin ave que me cante al albor.

 

Pasaron los días y mi ventana abierta sigue de par en par.

Llueva, nieve o truene yo te esperaré siempre.

Sé que tus susurros han de regresar.

A veces afino, en el silencio, mis oídos

y creo escucharte sobre el murmullo de la ciudad.

 

Tu susurro atronador inundó mi casa,

y me olvidé de todo,

yo sólo te escuchaba.

Me diste la vuelta a la cabeza como a un calcetín.

Petrificado, te imaginé. Tu voz febril

recorrió todos los muebles de la cocina,

hizo temblar la ropa tendida,

y sobre mi frente se fue a posar.

 

Aquel rumor sonaba a viejo abracadabra

y removió las pelusas bajo la cama.

Abrió mis libros, los cajones, mi corazón.

Mientras ella amaba todo se paró.

Y en la calle volaron todas las palomas,

se desvanecieron las sombras,

se detuvo toda la ciudad.

El espejismo

Vivíamos el cándido espejismo.

Ingenuos, devorábamos sumisos

ilusiones

creadas para nuestras inventadas

y justas necesidades.

 

Y entre anuncios que nos recordaban

que éramos felices, un disparo

de realidad

hablaba de explosiones, de tormentas,

de la guerra y del hambre.

 

Pero era un eco tenue, muy lejano, algo difuso.

La realidad termina donde acaba el espejismo.

Contentos con el miedo y endeudados, nos dormimos

mientras otros trazaban el futuro.

 

Pero a veces

sueño con romper el muro, el espejismo.

El mundo duele menos si te miro.

A veces dudo de estar cuerdo, más aún,

de estar vivo.

Intuyo que más allá del espejismo,

más allá de este único camino,

existen nuevos paisajes,

futuro escondido,

tantas cosas por nombrar,

tantas por hacer,

todas contigo.

 

Un día despertamos entre gritos.

Se derrumbaron muros, diferencias

y mercados.

Vimos resquebrajarse la fachada

sólida del espejismo.

 

Y todo aquello que un día fue un eco lejano

se instaló en nuestro barrio. Y la serpiente

de la realidad

descubrió la mentira y nos echó

de aquel falso paraíso.

 

Supimos de la lucha y de la tragedia ajena,

de la vergüenza no televisada.

Miramos a los ojos a la historia, el fin del mundo

sólo empieza cuando llega a casa.

 

Y ahora que

por fin se ha roto el muro, el espejismo,

el mundo duele menos si te miro.

Ya no dudo: no estoy cuerdo, más aún, estoy vivo.

Ahora sé que más allá del espejismo,

más allá de este único camino,

existen nuevos paisajes,

futuro escondido,

tantas cosas por nombrar,

tantas cosas por hacer,

todas contigo.

                      

Tras la tormenta queda reinventar el mundo,

aunque haya quien hoy quiera levantar otro espejismo.

La realidad termina donde acaban nuestros sueños,

pues vivimos.

Balance

Hago balance

y repaso viejas fotos.

Ya no soy aquel muchacho

con relámpagos en los ojos.

 

Conservo miedos

por los que aún debo cantar.

Aún siento el vértigo helado

al echar la vista atrás.

 

Aún me emocionan

viejas luchas,

el “No pasarán”.

Me duele América.

Amo viajar.

Sueño y milito

en tu risa,

en la amistad.

Leo tebeos.

Odio madrugar.

 

Aún creo en la utopía

y no soy el mejor hombre.

Reconozco que me cansa

dar siempre explicaciones.

 

Quiero que sepas

que, aunque arrastro mis fracasos,

si quieres contar conmigo,

aún guardo fuego en mis manos.

 

He aprendido

a hacer maletas

y a comer solo.

A reparar espejos rotos.

Sé del tesoro

de las cosas más pequeñas,

no siempre sé

lo que tiene urgencia.

 

Hago balance.

Queda todo por hacer.

Si tú quieres te acompaño.

No soy más que lo ves.

Papel encontrado en la cocina

Te dejo, yo qué sé,

el fracaso más tierno,

la idea de no verte,

ese pequeño espejo

donde te amé durante

tanto tanto tiempo,

tanto tanto tanto tiempo.

 

Te dejo la palabra,

el vasito de vino,

esos pasos cansados,

el saberte conmigo,

el morir y vivir

encogido en tus besos,

encogidito en tus besos.

 

Vendrá la vida a vernos

en el mes del olvido,

cuando tiene la tarde

el color del domingo

y sabe la nostalgia

a cuaderno y colegio,

a cuaderno y colegio.

 

Así que aquí te dejo,

cuando voy al trabajo,

la promesa solemne

de volver a tu lado

aunque esta noche el mundo

se hunda y me desarme,

se hunda y me desarme.

 

Para que tú lo sepas,

te dejo como herencia

lo que yo siempre quise:

el dolor, la tristeza

de otros –Dios los bendiga–

que nos hicieron grandes,

que nos hicieron grandes.

 

En ellos me refugio,

con ellos soy monarca,

dueño del paraíso,

señor de cuerpo y alma

y dios omnipotente

de las calles y bares,

de las calles y los bares.

 

Y dueño de tus labios,

dueño de tus reproches

y de tus regañinas,

de tu tos por la noche

y de esa palabra

que huele a pan y a tarde,

que huele a pan y a tarde.

 

Te dejo todo eso

sin que nadie lo sepa.

Donde salvar la vida

efímera y pequeña,

un lugar de esperanza,

aquel dulce refugio

en que han de convertir el mundo

El hueco en el que anido

Se quema la tarde mientras yo te miro sin que te des cuenta.

Y exhala tu pena un perfume muy dulce y se congela el sueño.

Se apagan los cuerpos, miras la ventana con aire ausente

como quien mira alumbrada por la luz del ocaso a un niño que duerme.

 

Tus ojos se tiñen con el viejo color de la infancia,

nostalgia del tiempo en que todo tenía respuesta,

en que era más largo el verano y más pequeño tu mundo.

Y unos pasos seguían siempre de cerca a los tuyos.

 

Y yo te diría, no sé,

que las cosas van a marchar bien,

te mostraría el futuro, la borra del café,

con ángeles y estrellas,

noches, milongas

e historias, ¿recuerdas?, que hablan

de viejos amantes que crecen,

que dudan y esperan

su turno mientras anochece

y el mundo se enferma.

 

A veces vigilo con calma tu rostro mientras miras fuera.

Escribes, navegas, revisas las fotos del último viaje.

Y cubre de nieblas tu piel, sin aviso, la memoria herida.

Fumas un cigarro, suspiras y esparces todas las cenizas.

 

Te callas y el miedo, feroz, cose tus pestañas.

Delicadas alas de una dulce mariposa,

veloz, fuerte y luminosa. Sin tregua persigo su vuelo

y cubre nuestra casa el polvo del recuerdo.

 

Y, como la tierra generosa abraza la raíz

de un frutal encendido, yo te abrazo a ti.

Y abrazo tu ropa, no sé, tus maletas,

tu rostro, tus dudas, tus pies, su huella,

tus manos y hasta tus zapatos,

tu pena, mi castigo,

la curva de tu espalda,

el hueco en el que anido.

Mensaje en el contestador

Hola. Soy yo.

Sólo llamaba

porque estos lunes

siempre me matan.

Ha amanecido

tarde este día;

mi almohada llena

de tus cenizas.

 

Pasé, ¿recuerdas?,

por nuestros bares

donde arañábamos

a la nostalgia

su sucio esmalte.

 

Cogí al futuro

por la cintura.

Donde hubo vuelo

sólo ha quedado

escombro de plumas.

 

Qué cosas pasan,

días bulliciosos,

tan cerca estamos

pero tan solos.

Sólo era eso.

Bueno, pues, nada,

si tienes frío y tiempo

me llamas.

Se ha enredado en tu cabello

Se ha enredado en tu cabello

un ciclón de mariposas,

te pido que no me olvides

como quien reza a una diosa

y enciendes un cigarrillo,

quién fuera el humo en tu boca.

 

Enciendes un cigarrillo

y me quemo en cada calada,

cuando te vas se derrumba

el cielo sobre mi espalda,

queda sin sabor la tarde

como la hierba lavada.

 

Vigilo todos tus pasos

inquieto por si me nombras

y acudo raudo a tu lado

para ahuyentar a las sombras.

Se esconde el sol y te abrazo

y se amontona la ropa.

 

Detrás de cada arco iris,

detrás de cada milagro,

despierta un gorrión mecido

en el hueco de tus manos.

Te observo mientras te arreglas

y el mundo te está esperando.

 

Descorro cada cortina,

inútil es despertarte.

Maldigo el sueño que besa

tus ojos hasta tan tarde.

Descansa mi bien, sin prisas;

tú duerme, yo cebo el mate.

 

Descansa mi bien sin prisas

que la mañana te espera:

medialunas en la cama

y en la sonrisa una estrella.

No caben todos los besos

en esta corta chacarera.

 

Se ha enredado en tu cabello

un ciclón de mariposas.

Sales radiante a la calle

y la ciudad se transforma.

Caminas y las aceras

se deshacen gaseosas.

 

Detrás de cada arco iris,

detrás de cada milagro,

despierta un gorrión mecido

en el hueco de tus manos.

Te observo mientras te arreglas

y el mundo te está esperando.

Oximoron

Apresúrate despacio, amor mío, que la noche

reclama nuestra presencia. Es la calma y sus acordes

hoy el lujo imprescindible que nos arrebata el mundo,

los recuerdos olvidados, música callada de estos días de luto.

 

Apresúrate despacio, que estos días no te esperan,

que este eterno presente no les mostrará clemencia,

para aquellos que, realistas, han pedido lo imposible,

para nuestras simples complicaciones, para nuestras cicatrices.

 

Puede que sí, que morir sea parte de la vida.

Hoy más que nunca, el planeta y sus mentiras.

Lluvia que quema, gente que espera, niños soldado,

muertos vivientes en la fiesta del club de los solitarios.

 

Puede que sí, que la historia del futuro, la del mañana

se escriba sin estrellas, nueva y mejorada.

Luces oscuras, emergencias rutinarias, armas inteligentes,

caos controlado, noticias del diario, hoy es siempre.

 

Apresúrate despacio, que hoy me encontré perdido.

Hoy he de romper el tedio, su pacto sin compromiso.

Hoy creo estar seguro de poder sobrevivir a esta muerte,

de romper esta cadena que me abraza, de una tregua permanente.

 

Puede que sí, que morir sea parte de la vida.

Hoy más que nunca, el planeta y sus mentiras.

Lluvia que quema, gente que espera, niños soldado,

muertos vivientes en la fiesta del club de los solitarios.

 

Puede que sí, que la historia del futuro, la del mañana

se escriba sin estrellas, nueva y mejorada.

Luces oscuras, emergencias rutinarias, armas inteligentes,

caos controlado, noticias del diario, hoy es siempre.

Preguntas

Maldigo y preguntas

por qué frunzo el ceño,

por qué las auroras

me dejan el pecho

lleno de agujeros.

Quizá sea la noche, abriéndose

como una terrible flor.

Quizá sea el maldito telediario

o una mujer sin su voz

a la que acorrala el miedo.

O el silencio atronador,

un febril planeta

entre fuegos y tormentas,

un niño cortando palma

en una oscura selva,

la cola del paro, el fin de mes,

tu ausencia, todo lo que no haré.

                    

Maldigo y me dices

basta de lamentos.

Disculpa, te digo,

quizá sea el sueño,

la falta de sueños.

Será que la casa, sin ella,

no es una casa, es un erial,

y mi voz sin su voz,

arañazo en el cristal,

o la carta de un hombre

que echa de menos su hogar.

Quizá alguna despedida,

los recuerdos, sus heridas,

Gaza golpeada,

humo y llanto en sus cenizas.

Será el mundo alumbrando horrores

y yo sólo ofrezco maldiciones.

No reconozco

No reconozco a ese tipo que mira asustado

desde el espejo de las escaleras mecánicas.

Allá donde todos miran buscando, qué sé yo,

tal vez una sumergida Atlántida

o un mechón rebelde,

algo perdido entre los recuerdos o los dientes.

Será simplemente que no estás a mi lado.

 

Salgo a la calle después de comprar viejos discos

que me recuerden, como no, a ti.

La distancia y el amor tienen esa costumbre

de mezclar el placer con las ganas de sufrir.

Salgo a la calle y enciendo un cigarro

-no pude dejarlo, ya sabes-

pensando que tal vez el humo se ha de llevar

mis plegarias hasta ti.

 

Ya ves que la vida tiene el mal gusto

de seguir su curso sin contar conmigo.

Todo parece un decorado triste y obsceno

porque no estás tú.

Ya ves que el mundo no tiene la delicadeza

de pedir perdón por echarnos a un lado

de malas maneras para seguir su camino.

Todo parece un teatro mal interpretado,

amarillo, cuarteado,

porque no estás tú,

porque no están todas las noches de marzo

que yo te he robado nadando en tu ropa,

todos lo demonios buenos,

todos los deseos naciendo en tu boca.

 

Luchando con las arañas grises del olvido,

como el hombre menguante en un inmenso Madrid,

busco mi coche perdido. Lo encuentro hundiéndose

como el vapor que abandonó Lord Jim.

Y por casualidad paso por la calle que te vio llorar.

Trampas tiene la ciudad y ¿quién quiere escapar?

 

Llego a mi casa cansado, vencido y Penélope –es lista–

esta vez tampoco me esperó.

Pongo la tele; pongo la colada y nada

me hace escapar de tu recuerdo, del dolor.

Siento que muero y fuera en la calle ni París ni aguaceros.

Será el invierno, la gripe, el momento

o que no estás a mi lado.

 

Pero, aunque la vida tenga el mal gusto

de seguir su curso sin contar conmigo,

yo sé que un día será soleado y tranquilo

porque estarás tú.

Aunque el planeta no tenga la delicadeza

de pedir perdón por echarnos a un lado

de malas maneras para seguir su camino,

yo sé que un día todo será diferente,

feliz simplemente,

porque estarás tú,

porque estarán todas las noches de marzo

que yo te he robado frente a tu portal,

todas las nuevas promesas

que escriben la senda a Nunca Jamás,

todos los sueños y el tacto

leve de tus manos buscando en mi ropa,

todos los demonios buenos,

todos los deseos naciendo en tu boca

Podría ser

Contando monedas para comprar cigarros

regreso a mi casa sumando derrotas.

Vuelvo sin excusas, sin paz ni trabajo

y a nuestro futuro le arrancan las horas.

Y en casa me espera

mi razón de vida,

el calor de hogar.

Llevo la vergüenza,

las manos vacías,

la precariedad.

 

Ella sonreirá, "saldremos adelante".

A pesar del tiempo sigue siendo bella.

La miro y recuerdo. No siempre los planes

salen como sueñas, eternas promesas.

Estoy cansado

de tropezar siempre,

del “ya le llamaremos”.

Quizá mañana

cambie nuestra suerte

y acabe este invierno.

 

Podría ser jardinero en Marte,

médico de flores, poeta ambulante,

deshollinador volando en tejados,

probador de espejos o un pirata honrado.

Quisiera ser hombre al fin al cabo.

 

Podría ser quizá delineante

de columpios rojos, un gran nigromante,

un cantor de nanas, quizá buhonero

y vender palomas, pócimas y ungüentos.

Pensándolo bien, me conformo con menos.

 

Enchufo la radio, no hablan de nosotros.

La luz de la aurora se vierte en la acera.

Ella me da un beso, yo me hundo en sus ojos.

"Suerte" me susurra y cruzo la puerta.

Quizá fuera encuentre

por fin la respuesta

o mi exculpación.

Llueve mientras sueño,

quizá cuando vuelva

haya salido el sol.

 

Podría ser cartero de Neruda,

pescador de estrellas navegando en la luna,

piloto de cometas, explorador de abismos,

quizá recolector de gotas de rocío.

Quisiera ser un hombre, es poco lo que pido.

 

Podría ser quizá delineante

de columpios rojos, un gran nigromante,

un cantor de nanas, quizá buhonero

y vender palomas, pócimas y ungüentos.

Pensándolo bien, me conformo con menos.

 


Podría ser jardinero en Marte,

 

médico de flores, poeta ambulante

 

deshollinador volando en tejados,

 

probador de espejos o un pirata honrado.

 

Quisiera ser hombre al fin al cabo.

 

Regalo para un primer cumpleaños

Creerás que el tiempo pasa rápido,

que el buen recuerdo puede doler,

pero has venido a recordarnos

que no es tan malo crecer.

 

Verás que hay días con espinas

y que puede doler vivir,

pero recuerda que cada día

el mundo amanece en ti.

 

Vendrá el futuro a verte cualquiera de estos días.

Y tendrás en las manos lo que nunca tuvimos:

la esperanza de un mundo con los mares azules,

sin fieros huracanes o desbordados ríos.

 

No habrá hombres que mueran sin panes ni milagros.

Y en la pared de enfrente leerás que alguien ha escrito

un saludo de paz, un buenos días, un pájaro

con las alas abiertas para volar sin tino.

 

Cuando las sombras se alarguen

y te toquen con sus manos

recuerda que siempre hay alguien,

alguien que te anda buscando

para pintar el futuro,

ya ves, alguien como tú

con quien compartir el vuelo

y emborracharte de luz.

 

Vendrá el presente a verte con hambre de futuro,

ese mañana incierto que algún día intuimos

que tú harás cercano, más humano y abierto,

más real, más igual, más justo y más limpio.

 

Será obligatorio escribir poesía

y la palabra amor, como si fuera vino,

tendremos que beberla obligatoriamente

con cada trozo de pan partido y compartido.

 

Quise escribirte una canción

para enseñarte a vivir,

eres un recién llegado

y yo ya soy tu aprendiz.

Vuelvo

Vuelvo al lugar en el que el reo echa las horas

mientras sueña y su coartada se desmonta,

al hogar vacío o a su boceto

roto e inconcluso. Allí vuelvo,

al lugar en el que la culpa me abriga,

donde me espera la nevera vacía,

correo a tu nombre en el buzón

y esta canción.

 

No digas que todo era mentira.

¿Qué fue entonces toda esta ceniza

que cubre los muebles,

que hoy esparce el viento,

y quema mis pulmones cuando vuelvo?

No digas que todo era una farsa,

¿de dónde salieron los fantasmas

que habitan la casa,

que lloran y abrazan

el olor de tu sombra?

Esa que me encuentro cuando

 

vuelvo al solar de la casa aquella que el lobo

–que es la vida– ha derribado con un soplo.

Vuelvo al futuro imperfecto.

Vuelvo y descubro

mi silueta en el suelo cuando

vuelvo al bar que cierra más tarde aquí en Madrid,

a la casa que contigo construí,

al mal presagio, al verano

en que nevó en el salón.

 

No digas que todo era una farsa.

Siento tanto haber perdido el mapa

que lleva al tesoro dulce y luminoso,

he olvidado donde lo escondimos.

No digas que todo era mentira:

los encuentros y las despedidas,

tampoco los días en que me decías

que todo iba a irme bien.

 

Aún queda tanto por vivir,

tantas cosas por hacer

aunque pesen los fracasos.

Cuántos veranos perdí

buscando aquella canción.

Siempre estuvo en tu regazo.

 

Nuestro error nunca fue amar

como si el jodido mundo

acabara en nuestro abrazo.

Que nadie te haga pensar

que no fuimos los mejores

cuando el sol ardía en tus labios.

 

Vuelvo y te encuentro en las cumbres y en el lodo,

la verdad es que te encuentro en casi todo,

siempre o casi siempre te encuentro.

Quizá por eso vuelvo.

Te vas

Te vas

a la ciudad definitiva sin mí,

perdonarás que no te vaya a despedir.

La noche corta como un cristal roto y tú

estarás tan triste como hermosa.

 

Tu luz

quemó mis naves cargadas de incertidumbre

y el corazón que sobre tu mesa yo puse

para cenar la noche en que nos dispusimos

a saltar de la mano al precipicio.

 

Y yo procuraré sonreír más a menudo

y acostarme a una hora prudente.

Tú me enseñaste que afuera siempre

me está esperando una nueva mañana,

como aquella nuestra, radiante y soleada.

Como aquella nuestra, radiante y soleada.

 

Te vas

a la ciudad definitiva y en Madrid

quedamos huérfanos y enfermos. Te vas a reír,

pero pregunto cada noche a los fantasmas

que habitan mis bares

cuándo vuelves a casa.

Los días caen lentos como el polen de un árbol

cubriendo todo mi jardín de desencanto.

Un sucedáneo de la vida será al fin

el tiempo que he de recorrer sin ti.

 

Y yo procuraré no suspirar tan a menudo

y acostarme a una hora prudente.

Yo sé que afuera, inevitablemente,

me está esperando una nueva mañana

–lo prometiste– radiante y soleada.

 

Y tú procurarás cumplir con lo que has prometido,

ser fuerte y devorar la manzana.

Has de pensar, cada nueva mañana,

que un tipo a menudo piensa en ti y sonríe

aunque quizá no sean sus días más felices.

 

Y yo procuraré mantener la luz encendida

por si se te ocurre volver de repente.

Alumbrará este recuerdo incandescente

el camino de vuelta, aquel que trazaron antes

viejos fugitivos, nuevos amantes.

Viejos fugitivos, nuevos amantes.

 

Y yo procuraré sonreír más a menudo

y acostarme a una hora prudente.

Tú me enseñaste que afuera, siempre,

me está esperando una nueva mañana

como aquella nuestra,

radiante y soleada.

 

Te vas

a la ciudad definitiva sin mí.

Volveremos

Puede parecer que sólo queda contar los fracasos.

Por eso aplazamos siempre el último trago.

Mientras tanto, bebo, fumo, vivo y amo.

Quizá como todos.

Más bien demasiado.

Mientras tanto, ser felices es una obligación

que incumplo de cuando en cuando.

 

Y aunque esta ciudad parece Fort Apache

a punto de claudicar, de derrumbarse,

volveremos a asaltar los cielos

y arderán las calles como antes de nuevo.

Brillará en tu piel una primavera

roja de luz color caramelo.

 

El tiempo incumple sus promesas, miente

en los ojos de las más bellas mujeres.

Mientras, he visto alejarse la dulce llama

del futuro intacto, la vida aplazada.

 

Crecí, llegué tarde, perdí algunos trenes.

El futuro es hoy, el mañana urgente.

Vi caer los muros, sangrar Palestina.

Vi morir la historia, la vi renacer herida.

 

Vi retroceder el tiempo,

muertos en las playas, llamas en Bagdad.

Y aunque ya no somos niños,

la edad no obliga nunca a capitular.

 

Volveremos a tapar las calles

hasta que amanezca con futuro y versos.

Volveremos a ser libres, puros,

y tú me pondrás flores en el pelo.

 

Volveremos a asaltar los cielos

y arderán las calles como antes de nuevo.

Brillará en tu piel una primavera

roja de luz color caramelo.