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Delantera mítica, tremendo rock and roll

Delantera mítica, tremendo rock and roll

21:15. Las luces del Teatro Arteria se apagan. Mientras Quique y la banda toman posiciones, los aplausos visten la sala. Suenan los primeros acordes de 'La  fábrica' y se hace la luz. Sobre el escenario, vemos a Quique González enfundado en vaqueros, camisa y chaleco marrón. Sin poder evitarlo, le completo imaginariamente el look de cowboy y sigo mirando al escenario; junto a él están Pepo López, de Chivo Chivato (Guitarra) y Eduardo Ortega (guitarra, mandolina y violín). Completando la banda en segunda línea, Alejandro Climent (Bajo) y Eduardo Olmedo (batería).

Tres canciones y le toca el turno a '¿Dónde está el dinero?' He de admitir que era una de las canciones que más ganas tenía de escuchar en directo, aunque no la esperaba tan pronto y, desde luego, pude comprobar que no era la única. "En la siguiente canción hago una pregunta que nadie de los que están aquí sabrá responder… y si alguno sabe, por favor, que me lo diga", dijo antes de empezar a tocar. Los aplausos atenuaron los primeros acordes y después, toda la sala se dejó llevar. Quizás fue en esta canción cuando, la perfecta conexión del trío Edu Ortega-Quique-Pepo, se hizo notar por primera vez, pero a partir de ahí, se mantuvo con la misma intensidad durante todo el concierto.

A medida que las canciones se iban sucediendo y quizás acostumbrada a cantautores que cuentan más historias entre canción y canción -algo que siempre echo de menos en los conciertos de Quique-, fui centrando mi atención a cómo estaba compuesta la set list. Como si de un gráfico del Ibex 35 se tratase, iba viendo cómo el ritmo nos iba llevando en todo momento de 0 a 100 -pasando a veces por el 50-, combinando perfectamente la locura que desataban los temas más rockeros, como 'Miss camiseta mojada' -que hizo enloquecer a todo el público-, con la quietud de las canciones más íntimas, que fueron capaces de conseguir que una sala llena de gente pareciese vacía, y que el silencio únicamente fuese roto por el sonido de los acordes de '¿Es tu amor en vano?' o 'Aunque tú no lo sepas…'.

Eduardo Ortega, estupendo como siempre, fue el encargado de dar un toque country al concierto, que se dejaba intuir cada vez que cambiaba la guitarra por el violín y que, además de ir muy a conjunto con ese "Quique cowboy" que me había imaginado al principio, dotó al concierto de una alegría muy especial, aunque toda la banda, con Quique al frente, dejó claro desde un principio que no estábamos en ese concierto para llorar nuestras penas, sino para sacar toda nuestra rabia a golpes de rock and roll. Y lo hicimos sobre todo en el momento en que escuchamos cómo Quique hacía referencia a los más de seis millones de parados que hay en nuestro país, mientras entonaba los acordes versionados de '39 grados'. A partir de este punto, resultaba impresionante mirar alrededor y comprobar que no importaba a dónde mirases, porque toda la sala estaba en pie, disfrutando, bailando y coreando a partes iguales.

Sin darnos apenas cuenta, ya habían pasado casi dos horas y llegaba el turno de los bises. Por supuesto, no faltó 'Vidas cruzadas', aunque apenas nos quedó tiempo para echar de menos a Iván Ferreiro, porque estaba tocando a su fin un concierto en el que disfrutamos de un Quique González casi desconocido, o mejor dicho, volvimos a ver al Quique González de los inicios, lleno de energía, locura, fuerza... y sobre todo rock, mucho rock.



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