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"La llamada" de Ismael Serrano se despide de Barcelona

El cantautor pone fin a dos años de gira celebrando 20 años de profesión

La llamada, a coro con sus seguidores
20 años de carrera a las espaldas, desde Atrapados en azul, no son ningún salvoconducto para que los problemas técnicos con un micrófono perdonen a un artista consagrado. Le puede ocurrir a cualquiera, aunque es realmente una pena en un espectáculo como la gira La llamada que tanto nos ha sorprendido a lo largo de más de dos años, y que ahora llega a su fin. Un espectáculo de malabares visuales y simbiosis entre el artista y el escenario, que aúna luz, color, interacciones y convierte a Ismael Serrano en un prestidigitador que crea literalmente estrellas en el firmamento sobre el escenario.

Quien suscribe se equivocó. Tras años madurando un espectáculo que ha dejado el listón a una altura difícilmente igualable, volví a hacerme la pregunta que me hice al escuchar su último CD, firmado por las mesas de mezclas de Sony, y que se consolidó cuando pude presenciar La llamada en el Auditorio de Oviedo: ¿qué ha sido de la voz de Ismael Serrano? La creí perdida (y nada tenía que ver con un micrófono que no da la talla). Por suerte, me equivoqué.

Y es que tras varios años para nada carentes de esfuerzos y viajes, el vallecano ha conseguido aunar, en un casi denostado género como la canción de autor, ritmos andinos de charango y zampoña, tango y murga argentina, corridos mexicanos e incluso orquestas sinfónicas. No obstante, y permítanme la libertad de opinión, a costa de que la voz que ilustra tamañas letras se diluyera entre las melodías tan trabajadas por los excelentes músicos que Serrano ha encontrado alrededor del mundo. Pareciese que la maquinaria de la multinacional discográfica hubiera arrasado el protagonismo de la peculiar voz del intérprete, como arrasan las excavadoras los valles amazónicos deforestando en pos de la globalización.
 
Pensé, pasada la primera canción (Cien días, ad libitum), que algún valiente habitante de las butacas debería hablar muy seriamente con Ismael sobre lo que realmente se escucha y siente en sus conciertos; y decirle que aquellos auditorios inundados de voz clara calando hasta los huesos, habían mudado en espectáculos donde los acompañantes (sobre los que bromea en sus conciertos) no pueden apenas entender las tan apreciadas letras por las que se les ha arrastrado a presenciar por primera vez sus actuaciones. Alguien se me había adelantado. Ismael lleva 20 años en el “bussines” y su profesionalidad toma nota de cuál es el valor añadido que ha aportado a la canción de autor en lo melódico, y cuál es el rasgo que le hace único en el escenario y fuera de él.

Con motivo de despedir una gira, pero de celebrar 20 años en la profesión, anuncia desde la segunda canción el retomar sus temas más veteranos. Y es ahí, donde siento que me había equivocado; es el momento en que el madrileño saca de la chistera, junto varias virguerías visuales, el espíritu de aquellos Paraísos desiertos. Resurge el perfecto equilibrio entre su voz y las majestuosas melodías que interpretan sus talentosos compinches instrumentalistas.

Vuelve la complicidad con un público al que permite cantar casi por completo un "Vine del norte".

El hacer de un artista evoluciona, a veces sin sentido y desbocado. Hace falta la templanza y el bagaje de quien sabe muy bien lo que busca y es experto separando el polvo de la paja, quedándose con lo mejor de los innumerables mundos que ha ido incorporando a su estilo con los años. Tantos mundos como nos hizo visitar con un viaje a oriente rodeado de dragones, una visita por el universo fabricando estrellas como quien sopla el vidrio, etc.

En este fin de gira encontramos todo lo que hemos visto en esta indescriptible puesta en escena, que trae de la mano un sinfín de novedades en su actuación. No obstante Ismael sigue trayendo más de lo mismo; aquello por lo que seguimos incondicionalmente asistiendo a sus conciertos: bromas cómplices con el público por su entusiasta o desafinada forma de cantar, chistes y anécdotas sobre la duración de sus conciertos -con los que disfrutan tanto los que van como los que no- o acerca de la necesidad de llevar escritas sus letras para recordarlas.

El punto de inflexión -dejando aparte el cambio de micrófono- fue la interpretación del tema “Ojalá” de Silvio Rodríguez, con quien compartió escenario en Vallecas el pasado 4 de mayo en un concierto memorable. Fue también su canto desesperado bajo una lluvia que parecía salpicar el patio de butacas, la galaxia que crea a su antojo alrededor de la cual nos hizo volar, las flores y mariposas que fluían de su caja como si de chistera se tratase. Este ilusionista hace suya la escena cargándola de magia.
 
Con la proyección de unos escenarios a medida, hace más pequeño e íntimo el teatro, creando un momento de cercanía con los asistentes. "¡Que cante ya!" -se oye entre el público-; "Pues tengo otra anécdota. Porque no he hecho la mili, que si no…" -responde Ismael-. Si bien la magia es una nueva receta, los ingredientes de siempre no faltaron: el compromiso social al que sigue fiel. Ya no solo con su bronca generacional de “Papá, cuéntame otra vez”, ahora que se aproxima a la edad de su padre cuando se la cantó por primera vez, sino también con cumbias (sí, una cumbia de Ismael Serrano) compuesta en homenaje a Luciano Arruga, adolescente asesinado por la policía Argentina, y que hace extensible a todos los “Invisibles”; como todos los cientos de miles de sirios que buscan una huída digna que son olvidados y dejados de lado. Junto a "Odio" y "Ana", encadena una canción infantil para su hija, a quien nombra a menudo.

Y si La llamada ha sido colaborativo desde que se lanzó a la red su anuncio, pidiendo la ayuda de todo voluntario por todo el mundo, en este fin de gira subieron al escenario algunos de esos colaboradores para corear el single que pone título a su último disco.

¿Era necesario desempolvar temas y arreglos de antaño para recuperar aquel sonido que nos cautiva? Tuve que hacer una reflexión para caer en mi error de crítico. Y es que en la subjetividad radica la identificación de cuál es el mejor Ismael de estos 20 años, o el mejor disco en el amplio y dispar abanico de los que ha firmado. Todos tenemos una banda sonora de nuestra vida, y dependiendo del punto de esta en que haya llegado una canción en concreto, hará que ese álbum sea, para cada uno, el mejor de su discografía. Al fin y al cabo, somos muchos los que hemos venido del norte o a los que un ser querido se nos ha marchado a la ciudad definitiva.




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