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El ruido de los ríos

Dice Osvaldo Bossi en la contratapa: El rumor de las palabras y el rumor de la vida, en la poesía de Andrés Lewin son, si no me equivoco, inseparables (...) sus poemas parecen responder a una necesidad interior, un deseo de participar en las cosas del mundo donde el sentido de belleza también sea una forma, responsable y sensible, de participación en la realidad. A través de esta mirada, el Sur (el continente latinoamericano) se vuelve el eje de sus reflexiones, de las anécdotas y personajes que, de un modo entrañable, recorren las páginas de este libro.  
Dice Tom Maver: Para oír el ruido de los ríos, primero hay que acercarse (…) acercarse a ese lugar de donde viene el ruido acompasado, la voz de estos poemas (…) una voz que se hermana con los personajes, como si dijera: “Éste es el ruido de los míos”(…) pero no hay que dejar de prestar atención al trabajo de fondo que hace de este libro algo que escapa a lo cotidiano por ser de otro orden, y que, en definitiva, hace que esto no sean crónicas sino poemas. 

Dice Patricio Foglia: Según Eduardo Galeano, quién escribe lo hace para juntar sus pedazos. Durante nuestra infancia, nos enseñan a divorciar el alma del cuerpo, y también, la razón del corazón. Frente a esto, Galeano nos recuerda a los pescadores de la costa colombiana. Al parecer, fueron ellos quienes inventaron la palabra sentipensante, y con esa palabra buscan definir al lenguaje que desea decir la completa verdad. El ruido de los ríos bien podría formar parte de ese lenguaje mítico que soñaron esos pescadores colombianos. 

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