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Alguien se acerca

Descubrí a Benjamín Prado en diciembre con Mala gente que camina, el mejor libro que leí en 2012. Y me gustó tanto el estilo de su autor que ahora he cogido de la biblioteca otra de sus obras, Alguien se acerca, una novela corta, apenas 200 páginas, que he devorado en dos mañanas. Me ha sabido a poco, me ha dejado con ganas de más. Me ha hecho disfrutar, pero también pensar, reflexionar, recordar. Me ha dejado triste, melancólica, añorando algo que no sé muy bien qué es. Me ha dejado con ganas de llorar. Me ha llegado dentro, muy dentro. Para mí, es muy importante en un libro.
 
El protagonista de esta historia es Unai Gómez Arieta, nacido en San Sebastián el 13 de julio de 1964, auxiliar administrativo, soltero y residente en Madrid. Unai trabaja en un banco. Su vida es tranquila, rutinaria, solitaria, monótona. Hasta que un día se libra de un asesinato múltiple, un tiroteo ocurrido en el bar Plaza Roja, donde él se cruzó con los asesinos, cuando él salía ellos entraban. Al conocer por las noticias lo ocurrido instantes después de abandonar él el bar decide huir, poner tierra de por medio y sin pensarlo se monta en un autobús con destino a La Coruña.
 
Sin embargo, una vez más, guiado por su instinto, por un impulso, sin planteárselo, se baja en Santa Lucía, en un hotel de carretera, un lugar triste, frío, lúgubre y solitario. Allí comienza a trabajar haciéndose pasar por Andrés Hurtado, nombre que toma prestado del protagonista de El árbol de la ciencia, de Pío Baroja.
 
Los dueños del hotel son Fran Lowell, a quien todos en el pueblo llaman El Americano, y su esposa Sara. Una mujer misteriosa, enigmática, silenciosa, compleja, profunda. Tanto el autor como los personajes juegan entre ellos y con el lector apoyándose en la literatura, en la metaliteratura. Autores como Hemingway, Conrad o Pío Baroja están muy presentes en esta novela, tanto sus vidas y sus pensamientos como sus obras.
 
Alguien se acerca es una novela que nos habla de los secretos que todos ocultamos, de quiénes somos y quiénes nos gustaría ser en realidad, del pasado, de las mentiras, de las medias verdades, de lo que contamos y lo que ocultamos, de las preguntas que queremos hacer, de las que no queremos que nos hagan, de las respuestas que queremos escuchar y las que no queremos decir.
 
Así, poco a poco, página a página, Fran, Sara y Unai-Andrés forman un trío peculiar, complejo, que inevitablemente capta la atención del lector, que le hipnotiza, le obliga a seguir leyendo, a saber más. Más de la relación que se establece entre los tres protagonistas. Pero también más de las historias que se cuentan. De su pasado. De quiénes fueron y quiénes son. De quiénes les gustaría ser. Más sobre de dónde vienen, qué les ha llevado hasta ese hotel de Santa Lucía, qué camino han recorrido para llegar hasta allí.
 
En poco más de 200 páginas las vidas de los tres personajes parecen mucho más grandes. Porque los tres están solos. Todos están apresados en sus vidas ordenadas, absurdas, perfectas, frías. Nada es como a ellos les gustaría. Por delante tienen un futuro amenazante y por detrás, un pasado lleno d de trampas, de mentiras, de medias verdades. Sus sueños, sus ideales, las cosas por las que un día lucharon son precisamente las cosas de las que ahora intentan escapar.
 
Eso es lo que le pasa especialmente a Unai-Andrés, que su necesidad de huir le ha convertido poco a poco en dos hombres distintos, y uno de ellos es un asesino. En esta novela Benjamín Prado nos habla de muchas cosas. De los desaparecidos, de la gente que un día decide cambiar de personalidad, dejarlo todo y saltar en marcha de su propia vida. Es una historia inquietante, llena de misterio, vertiginosa, pero al mismo tiempo también es una compleja y profunda reflexión sobre la esquizofrenia.
 
Una historia que nos enseña que no es posible huir, que el pasado siempre vuelve, que no podemos escapar de nosotros mismos, de nuestros recuerdos, nuestros miedos, nuestras obsesiones. Porque nunca estamos completamente solos. Porque siempre, por mucho que nos alejemos, por mucho que corramos, por mucho que escapemos, alguien se acerca.  

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